El que fuera el primer medallista olímpico en piragüismo para nuestro país, junto con sus compañeros de K4 en Montreal 76, Herminio Menéndez, Luis Gregorio Ramos Misioné, José María Esteban Celorrio, dice adiós a su vida laboral tras una trayectoria llena de éxitos.
Durante su carrera como deportista de alto nivel, Díaz-Flor, que el próximo sábado 22 de noviembre cumplirá 75 años, conquistó junto a sus compañeros de embarcación seis medallas en campeonatos del mundo, cuatro bronces, una plata y el título de campeones mundiales en K4 1000 en el evento que se disputó en Belgrado en 1975.
Junto a esa colección de medallas, muchas más en las pruebas nacionales y en las diferentes regatas internacionales que disputó a lo largo de su carrera deportiva, y cuando colgó la pala, se dedicó a la enseñanza, dando clases de educación física en dos colegios durante casi ocho.
Fue en febrero de 1988 cuando accedió al cargo del que hoy se despide, el de director de la Residencia Joaquín Blume, un lugar por el que han pasado miles de deportistas de alto nivel y no solo piragüistas. Campeones de Europa, del mundo y medallistas olímpicos que, hoy no han querido perderse este momento, el de brindarle un ‘hasta siempre’ y un ‘gracias’ por la labor ejercida desde esta residencia. Con su trabajo al frente, José Ramón también ha sido partícipe de los éxitos del deporte nacional en cada uno de los campeonatos en los que los nuestros han tomado parte.
En esta jornada de homenaje, a la par que de despedida al frente de la residencia Blume de Madrid, el Consejo Superior de Deportes, con su presidente a la cabeza, ha querido anunciar que la sala de piragüismo va a pasar a llamarse sala José Ramón López Díaz-Flor. En palabras del presidente del CSD, José Manuel Rodríguez Uribes, esta decisión es un gesto de agradecimiento “a su dedicación y profesionalidad”, tanto durante su etapa como deportista como en estos casi cuarenta años al frente de la gestión de la residencia, un lugar clave en el desarrollo del talento.

A este acto han acudido varios miembros de la Real Federación Española de Piragüismo, y palistas en activo que viven en la residencia, una delegación que encabezó el presidente Javier Hernanz y que se suma a ese brindis por una excelsa carrera profesional y deportiva.