Las bodas de oro del piragüismo español

Eran las 2 de la madrugada en la España peninsular de un 31 de julio de 1976 cuando un asturiano, un gallego, un ceutí y un catalán, sin estar seguros de ello pero teniendo toda la intención de conseguirlo, iban a ser los pioneros del piragüismo español. Aquella tarde de Montreal de hace 50 años, Herminio Menéndez, Luis Gregorio Ramos Misioné, José Ramón López Díaz-Flor y José María Esteban Celorrio se convirtieron en los primeros piragüistas españoles en lograr una medalla olímpica, plata en la final de K4 1000 metros. Una plata amarga, incluso 50 años después, para todos ellos, pero una presea histórica y, lo más importante de todo, la primera piedra de una montaña que actualmente está en construcción y de la que todavía no se ve la cima.

Cinco décadas, las bodas de oro, de un hito de nuestro deporte. Pese a que el cuarteto llegó a la cita olímpica canadiense como favoritos, merced a la corona mundial que habían cosechado el año anterior, en una final de unos Juegos no hay nada seguro y aunque el oro estuvo en su mano, su plata fue la que cimentó los actuales éxitos, hasta tal punto que con las tres medallas conseguidas en los Juegos Olímpicos de París 2024, el piragüismo se ha convertido en el orgulloso capitán de los deportes en este evento que se disputa cada cuatro veranos.

En este aniversario, coincidiendo con la disputa del LVII Campeonato de España de Sprint Olímpico en Trasona, dos de los integrantes de ese barco, Luis Gregorio Ramos Misioné y José Ramón López Díaz-Flor, comparten unos minutos para rememorar ese momento y disfrutar de sus palabras y de sus recuerdos. “Es un orgullo para nosotros el haber aportado algo a este deporte y que tenga estos resultados impresionantes que estamos teniendo en campeonatos del mundo, de Europa y con esa cifra de medallas”, apunta Misioné cuando analiza el trecho cubierto por el piragüismo nacional en estos 50 años.

Una frase en la que también coincide Díaz-Flor, aunque, en su caso, da la clave de por qué ese día y en ese momento no se consiguió el oro. “Hay una cosa que normalmente la gente no transmite, pero yo sí. De aquella final, hoy, me hubiera gustado no tener algunos de los rivales que tuvimos, porque ya sabéis lo que hay en aquellos países. Pero con la experiencia que tengo hoy, lo que desearía en ese momento es no tener este tipo de personas, porque a mí me parece que fueron unos delincuentes deportivos y nos robaron la medalla de oro”, sentencia con firmeza.

Y es que alguien como Díaz-Flor, que ha tenido a su cargo a cientos de deportistas españoles estando al frente de la Residencia Blume durante muchos años después de su retirada profesional, es un firme defensor de sus principios, claros y contundentes, “yo sigo siendo deportista con los valores del olimpismo de Pierre de Coubertin. Y lo he mantenido siempre y lo voy a seguir manteniendo”, afirma con la misma seguridad que cuando clavaba la pala en el agua para hacer deslizar su kayak.

Misioné es algo más pragmático al hablar de aquella final del verano del 76, “Igual actuaría de otra manera. Haría la regata de otra manera, igual no iríamos por la misma calle (NdR, compitieron desde la calle 6), en vez de ganar las eliminatorias semifinales, escogeríamos calle…” apunta. Pero en lo que ambos coinciden es en el reconocimiento social y en ese primer impulso que se le dio al piragüismo gracias a esa medalla de Montreal.

“En aquella época, con respecto a la que tenemos ahora, salíamos mucho en los medios. Aparte de salir en los medios, salíamos mucho en televisión, bueno, estábamos en todos los sitios, la gente te conocía, porque en España, en ese momento, conseguir una medalla era la pera ya que en este país no teníamos medallas olímpicas. Entonces éramos campeones del mundo y encima teníamos una medalla olímpica y eso fue el granito de arena que pusimos nosotros para que hoy en día la Federación Española de Piragüismo sea la más laureada de este país con 23 medallas olímpicas”, sentencia el lucense.

Además, en esta fecha, nos encontramos justo en el ecuador del actual ciclo olímpico que desembocará en los Juegos de Los Ángeles de 2028, y en ese punto de la charla la pregunta era obligada. Estando ambos aquí, en Trasona, viendo la actividad del campeonato y a los cientos de palistas que hay con posibilidades de ganar, resulta oportuno saber si ven, en estos jóvenes, sus inquietudes olímpicas del siglo pasado.

“Sí, sí, y más hoy”, salta rápido Díaz-Flor a responder antes de alabar el trabajo que se hace desde los clubes, “hoy los clubs, gracias a Dios, tienen muchas más posibilidades y además tienen posibilidad de tener un entrenador profesional y todos los medios necesarios para que de alguna manera ellos vean que tienen algún futuro dentro de esto porque están respaldados”.

Y esto lo dice alguien cuyos pasos en el mundo del deporte iban por otro camino. “Luis sí tenía esa inquietud olímpica porque Luis, fue piragüista desde que nació. Luis ha sido el mejor piragüista que ha habido en España. Te lo garantizo y yo he tenido la suerte de tenerlo como compañero. Sin embargo, yo empecé muy mayor, con casi 19 años, mi aspiración era otra distinta. Yo era futbolista, pero una lesión me encaminó a esto”, dice mientras agarra con la mano la proa de un K1 apostada sobre un remolque, “pero cuando llegué al equipo me encontré con gente con esas ganas, y entonces me contagiaron y ya no me bajé. Fue a partir de ahí cuando sí, mi pensamiento era el ser campeón olímpico”.

Es en este punto, cuando Misioné interrumpe la explicación de su amigo,bueno, tú empezaste tarde, pero reunías unas condiciones que no las reunía ni Dios. Envergadura, fuerza, mente… tenía de todo, todas esas condiciones, bueno, los cuatro… del K4 éramos cuatro personas que teníamos unas cualidades impresionantes para practicar el piragüismo y para llegar a donde llegó”.

XL Gala Nacional De Piragüismo 2026 en Asturias

Un cuarteto para la historia, un cuarteto para la memoria y un cuarteto que recibió un merecidísimo homenaje por parte del piragüismo español cuando se reunieron todos ellos en la Gala Nacional del Piragüismo celebrada en febrero en Gijón y donde, junto a su K4 de Montreal sobre el escenario y la siempre recordada figura de su entrenador, Eduardo Herrero, recibieron una merecida, emocionada y prolongada ovación que ya es parte de los momentos de la historia de nuestro deporte.

Ahora, solo queda seguir apilando granitos de arena para que la montaña, una vez se apague la llama olímpica de Los Ángeles, haya seguido creciendo palada a palada.